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Elecciones en los EEUU

Jeff Koterba cartoon for December 29, 2014 "CLINTON BUSH CAMPAIGN."

17 SEP, 2015

Las elecciones presidenciales de los EEUU no son la misma cosa luego de Wisconsin, el “Occupy”, las revoluciones egipcia, libia y siria, y en medio de la lucha por los $15 y la resistencia de “Black Lives Matter” [Las vidas de los negros importan]. La actual campaña electoral para presidente se está desarrollando diferente de como lo ha hecho durante los últimos 30 años, a pesar de que hay grandes fuerzas estructurales que predicen un gran triunfo de la clase gobernante… de nuevo.

Por: Florence Oppen & Juan Díaz – Viernes 11 de Setiembre, 2015

Sin embargo, por la primera vez en décadas, los dos partidos tradicionales de la clase gobernantes están enfrentándose a una crisis sin precedentes: la dificultad de acarrear apoyo popular con el espectáculo masivo de mucho dinero, las elecciones de los EEUU. En el caso del partido Republicano, Jeb Bush se está enfrentando a la rebelión de Donald Trump, quien pretende ganar el partido más conservador del mundo y va incrementando sostenidamente su popularidad en sectores de la clase trabajadora blanca. Por mientras, el partido Demócrata está enfrentando una situación sin precedentes al tener un candidato que se dice ser “socialista” y está compitiendo dentro del partido Demócrata, junto con la candidata más pro-régimen que ha existido: Hillary Clinton.

En un siguiente artículo, vamos a profundizar los elementos específicos de la campaña de Bernie Sanders y el fenómeno electoral. Sanders es una de las principales atracciones y merece una atención especial así como la discusión con trabajadores y la juventud. En este artículo, sin embargo, nos gustaría hacer énfasis en la inmensa contradicción de la actual campaña electoral. Por un lado, el aumento de la preponderancia de la “carrera de dinero” y el control de las corporaciones sobre los candidatos del bipartidismo. Por el otro, hay una desafección con el “sistema electoral” y los “partidos del régimen”. En enero 2015, algunas encuestas registraron el récord de 43% de los norteamericanos declarándose como independientes (es decir, no apoyan ni el partido Demócrata ni el Republicano). Por supuesto, es sólo una encuesta pero esta ha sido la tendencia desde la explosión de la crisis económica en el 2008, los despidos masivos y ejecuciones, los rescates bancarios y en particular, luego del levantamiento de Wisconsin y el movimiento Occupy (2012). Los independientes han aumentado de 35% en 2008 a 43% en 2015, haciendo que caiga el apoyo a ambos partidos del régimen.

Esta desafección con los partidos Demócrata y Republicano tiene un elemento positivo: hay un sector que crece de la clase trabajadora que no confía en ellos para que dirijan el país y arreglen sus problemas y están buscando una alternativa. Hay un movimiento confuso que todavía no ha encontrado una alternativa real que rete tanto los candidatos pre-seleccionados como el vínculo entre las elecciones, el congreso y la democracia y el dinero, las grandes corporaciones y la guerra. Esta también es la principal razón por la cual los dos principales partidos capitalistas están resaltando sus candidatos “anti-régimen” pro-régimen- Donald Trump y Sanders. Esto busca capitalizar un número significativo de votos para ganar.

La tradición “democrática” de los EEUU: grandes recursos compran grandes votos

Esto ya no es un secreto. Las elecciones de los EEUU tradicionalmente se han tratado de dinero e inversiones. Las elecciones anteriores y la historia demuestran que los partidos gobernantes han gastado cientos de millones de dólares que han sido recaudados por lobbies como SuperPACS (Comités de Acción Política). Estos, desde 2014, no tienen restricciones para recaudar dinero de 1% y sus multinacionales para los candidatos del bipartidismo.

Con respecto a esto, las elecciones del 2016 no son una excepción: van a ser las elecciones más caras de la historia. Mientras que las elecciones del 2012 batieron el record de los $6.3 mil millones, en el 2016 la recaudación puede llegar a los $10 mil millones, con los dos candidatos favoritos (Hillary Clinton y Jeb Bush) gastando cerca de $2 mil millones cada uno.

Un análisis reciente del New York Times ha demostrado que “menos de cuatrocientas familias son responsables por más de la mitad del dinero recaudado para las campañas presidenciales del 2016, una concentración de donadores políticos que no tiene precedentes en la era moderna.” Las corporaciones más grandes y las firmas de inversión (Citigroup, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Wal-Mart, Chevron, Google, etc.) son las que controlan en última instancia las elecciones y por lo tanto los candidatos. Las corporaciones utilizan el dinero y la influencia en las alturas para garantizar que los candidatos de su escogencia tengan todos los recursos financieros, organizativos y políticos para tener buenas posibilidades de ganar. Ellos utilizan sus vínculos y poder sobre las grandes corporaciones mediáticas (NBC, FOX, CBS, ABC, etc.) para asegurarse que su mensaje sale en toda la TV, la internet y los medios sociales. Desde el inicio, las elecciones son amañadas para presionar al pueblo norteamericano a participar en ellas y convencerlos de que un candidato va a realizar las mejorías y cambios que ellos piensan que son importantes.

Como Donald Trump claramente dijo en el debate Republicano: “Antes de esto, hace más de dos meses, yo era un empresario. Yo daba a todos. Cuando ellos llamaban, yo daba. Y ¿saben qué? Cuando yo necesito algo de parte de ellos, dos años después, tres años después, los llamo… Con Hillary Clinton, yo dije, venga a mi boda y ella fue a mi boda. ¿Saben qué? ¡Ella no tenía alternativa! Porque yo daba.” No se puede decir más claramente, la democracia actual es la democracia de los ricos y la tiranía contra los pobres y el pueblo trabajador.

Por esta razón, el Partido Demócrata (PD) y el Partido Republicano (PR) tienen un desafío en el próximo período. En un momento de muy baja confianza en el gobierno de los EEUU y sus organismos de poder- Obama, el congreso y el senado- los candidatos que encabezan en cada partido –Hillary Clinton, Jeb Bush e incluso Sanders– tendrán que convencer a los norteamericanos de participar en las elecciones y votar por ellos. Tendrán que vender una apariencia de “esperanza y cambio” como lo hizo Obama en 2008.

Este contexto explica los problemas en debate y la existencia de candidatos de la extrema derecha como Donald Trump.

Clinton: la candidata del régimen

Clinton es la candidata del régimen político y de las mayores corporaciones del imperialismo de los EEUU. Entre las corporaciones más grandes que han financiado la carrera de ella encontramos grandes bancos (CitiGroup, JP, Morgan Chase), compañías de inversión (Goldman Sachs, Lehman Brothers, Morgan Stanley, Merrill Lynch), grandes monopolios de los medios (21st Century Fox, Time Warner, Cablevision Systems), grupos de energía (Chevron, Cheniere Energy, Exxon Mobil) y muchos otros sectores corporativos. Es muy probable que, al igual que Obama en el 2008 y 2012, ella va a ser la candidata favorita para la clase gobernante, 1%.

Clinton tiene un historial espeluznante de ponerse del lado de los patrones contra el pueblo trabajador. Fue parte de la Junta Directiva de Walmart, una de las más grandes multinacionales de los EEUU, de 1986 hasta 1992. Los salarios de hambre que pagaba la compañía no parecían molestarle, tampoco los esfuerzos antisindicales ni la conocida política de pagarle menos a las mujeres. Por ejemplo, en 2001 “las trabajadoras [en Walmart] ganaban $5,200 en promedio menos por año que los trabajadores.” En el 2011, la compañía tuvo que enfrentar la demanda colectiva más grande por discriminación sexual.

Como secretaria de estado con Obama, ella hizo lo mismo que todos sus antecesores: proteger y expandir los intereses de las corporaciones en todo el mundo, en particular contratistas militares como Lockheed Martin, Bechtel o Boeing. De hecho, desde las elecciones de 2008, los mayores productores de armas quebraron su patrón de apoyar por debajo de la mesa al partido Republicano y vieron a Hillary Clinton como la alternativa más segura para proteger sus intereses.

Sin embargo, Clinton no es sólo la candidata favorita de las principales corporaciones y el sistema establecido de explotación, ella también es un tipo particular de oportunista. Tomemos como ejemplo los derechos de la población gay. En 1996, ella apoyó la decisión de su esposo de firmar la Ley de Defensa del Matrimonio (DOMA) que prohibía el acceso a las leyes de igualdad a nivel federal para las personas gay (matrimonio, impuestos, beneficios, estado migratorio, etc.). En 2004, ella dijo: “Yo creo que el matrimonio no es sólo una unión, sino una unión sagrada entre un hombre y una mujer… [es] la piedra angular del principio que existe entre un hombre y una mujer, volviendo en la historia como uno de los elementos fundacionales de las instituciones fundacionales de la historia y la humanidad y la civilización, y que su papel primario y principal durante estos milenios ha sido criar y socializar a los niño para la sociedad en la que deben convertirse en adultos.”

Para Clinton, el matrimonio no sólo es heterosexual “por naturaleza”, sino que también es “la piedra angular” de “la civilización humana”, que tiene la función de “socializar a los niños”. Es decir, Clinton no sólo se oponía a los derechos de los gays, sino que era un entusiasta del modelo de familia patriarcal que se organiza alrededor de la reproducción y que también es una institución opresora para las mujeres y la comunidad LGBTQ a lo largo de la historia. Ahora, en 2014, luego de que la Corte Suprema determinara el DOMA como inconstitucional y Clinton decidiera correr para la presidencia, ¡ella anunció que ella había “evolucionado” en el tema y siempre había apoyado los esfuerzos para que los gays para tener igualdad de derechos!

Estas son solo algunas de las razones por las cuales la clase trabajadora no puede apoyar a Clinton. Dado el historial de Clinton con las mujeres de la clase trabajadora –Walmart, el esposo de ella que destruyó el bienestar, etc. – no es justo para la causa de la liberación de la mujer que algunos la presenten como una candidata feminista… ella es enemiga de las mujeres de la clase trabajadora y de la clase media y es un obstáculo para la liberación de ellas.

¿Cuál es la alternativa para los trabajadores, las mujeres, la juventud y las personas negras en los EEUU?

Hoy, presentan a Trump, antiguo apoyador del PD, como un candidato “asustador”: el “policía malo” dentro del establecido “mal menor” del sistema bipartidista se podría decir- algunas personas podrían hasta llamarlo de fascista por sus posiciones brutales contra los inmigrantes. De hecho, él abiertamente odia a la clase trabajadora y los sectores oprimidos y está intentando apelar a los seguidores del Tea Party. Los candidatos que pasan por “policías buenos” del PD y el PR sólo son diferentes porque no dicen que odian, desconfían y tienen pavor de los inmigrantes, los negros, las mujeres y otros sectores oprimidos y el pueblo trabajador- en su lugar, ellos promulgan políticas y leyes que llevan en los hechos a lo mismo y dejan que el PR sea el vocero de la incitación al odio. El PD espera que caigamos en la trampa del “mal menor” y es precisamente lo que debemos combatir para defender una alternativa de independencia real de los trabajadores.

La mayoría de trabajadores, estudiantes y sectores oprimidos van a enfrentar la presión de dejar a un lado sus principios e intereses políticos y votar por el mal menor en 2016. Esta es una de las principales presiones en cada elección. Sin embargo, cómo está evolucionando la campaña de 2016 – donde hay una desafección y frustración generalizada con la dominación bipartidista del 1%- muestra que hay otras opciones posibles si nos organizamos y luchamos por ellas.

Creemos que necesitamos comenzar a construir un partido independiente de la clase trabajadora que participe de las elecciones- sea un partido laborista o no-, que debe ser de independencia de clase, tener una posición clara contra el imperialismo de los EEUU y apoyar las mujeres, la juventud, los inmigrantes, los negros y demás sectores oprimidos por el capitalismo Norteamericano.

Creemos que el Partido Demócrata no se puede presionar por dentro ni por fuera y debemos construir nuestro partido y movimiento de forma independiente. Por esto, creemos que a pesar de su programa reformista y limitado, el senador Sanders no va a lograr aplicar ni la mitad de su programa si no rompe con el Partido Demócrata, con el sistema político de clases establecido y la forma en que se lleva a cabo la política en los Estados Unidos.

Al acercarse las elecciones del 2016, conforme van surgiendo oportunidades, vamos a mantener nuestra meta de construir un partido independiente de la clase trabajadora. En última instancia, las elecciones no van a resolver los problemas actuales de los trabajadores. Por esto, la mejor forma de intervenir en la campaña es organizarnos y luchar por nuestras reivindicaciones: protestar contra las acciones racistas de la policía (y de la derecha como la masacre de Charleston) que afecta a los negros y latinos, unirnos y promover las acciones de los trabajadores que están luchando por salarios que alcancen para vivir, su derecho para organizar sindicatos, entre otros.

Lo más importante es que debemos hacer todo lo posible para fundar un partido independiente de la clase trabajadora, unificando las organizaciones de la izquierda socialista y las radicales y vinculándonos a los sectores más activos del movimiento obrero: el “fight for 15th” [la lucha por el 15avo], los activistas estudiantiles, los luchadores por los derechos de los inmigrantes o el movimiento Black Lives Matter, que quieren un cambio real. Necesitamos construir una alternativa política realmente independiente que dirija a los trabajadores con un claro programa contra la austeridad y por la defensa de nuestros derechos democráticos para que la “desafección” no se convierta en apoyo a Trump o Sanders, lo que nos llevaría de vuelta a la política burguesa tradicional dentro del partido del régimen más tradicional.

Traducción: Alejandra Ramírez

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